Importancia del Poder Aeroespacial en la Política Exterior del Estado Ecuatoriano

Dado que este tema guarda estrecha relación con el concepto de poder aeroespacial y su empleo a nivel del Estado ecuatoriano, es fundamental iniciar dando a conocer dónde nace el mismo, pilar fundamental para entender la razón de ser de la Fuerza Aérea Ecuatoriana.

En la Doctrina Aeroespacial Básica está escrito que el poder aeroespacial es “la capacidad de un Estado para explotar el control del espacio aéreo en apoyo de la política nacional y el logro de los objetivos nacionales permanentes”.

Desde el punto de vista de la defensa nacional, no es suficiente poseer un poder aeroespacial, es necesario además, hallarse en condiciones y tener la capacidad real de poder aplicarlo oportuna y eficazmente en el momento y lugar requerido. En tiempo de paz se lo hará a través de la disuasión, apoyando la política exterior del Estado o apoyando constantemente a la sociedad, mediante la realización de operaciones de apoyo al desarrollo nacional y colaborando ante la ocurrencia de desastres naturales. De igual manera, cuando existan situaciones de conflicto, el Estado a través de sus FF.AA. puede utilizar la disuasión, la coacción o la neutralización para evitar llegar a una guerra de insospechadas consecuencias.

El futuro que al poder aeroespacial le tocará vivir a partir de los cambios en el nuevo orden mundial y la respuesta rápida, oportuna, efectiva y firme que habrá que dar a los nuevos actores estratégicos de la violencia internacional, es sin lugar a dudas, una alternativa que está al alcance del Estado. Simultáneamente, aparecen nuevos actores estratégicos, corporaciones transnacionales con intereses propios e inmenso poder, grupos no gubernamentales con una capacidad de acción, en algunos casos, del mismo nivel que el de los Estados; o bien nuevas formas de amenaza tales como el narcotráfico, el terrorismo o el crimen organizado transnacional de poder económico creciente, con la capacidad latente de afectar seriamente la gobernabilidad de ciertos países.

La globalización en términos financieros, la mundialización en términos sociales y la planetización en términos tecnológicos, generan cada vez más “imputs” que no contribuyen al equilibrio mundial, sino que potencian el riesgo de inestabilidad. Vivimos en un mundo estrechamente interrelacionado, hasta el punto en que el concepto de soberanía absoluta pareciera tender a cambiar su sentido, en un escenario donde la comunidad internacional organizada, paulatinamente asume funciones, tales como la preservación del patrimonio de la humanidad o el ejercicio del monopolio del poder militar para evitar conflictos regionales, la protección de los derechos humanos, el cuidado del medio ambiente y en un futuro quizás no muy lejano, la administración de los recursos naturales estratégicos que sean indispensables para un mundo en explosión demográfica permanente.

Si bien pareciera que el propósito de quienes lideran hoy el poder mundial, es proveer un mundo donde la paz y la cooperación sean las metas convocantes, lo cierto es que, la competencia genera enfrentamientos con distintos grados de virulencia e intensidad que todavía y, con recurrente frecuencia, acuden a la fuerza para superar el enfrentamiento. Resulta evidente, que en el mundo integrado en el que pensamos, los intereses de un Estado no se preservarán si éste adopta posturas o políticas que los aíslen; por lo tanto, la herramienta fundamental para sobrevivir, es promover ámbitos cooperativos en todas las actividades de la producción y el comercio, marco para el desarrollo y la paz regional.

Esta conceptualización obliga a que la Fuerza Aérea Ecuatoriana en el siglo XXI, deba ser más amplia y flexible, para que tenga vigencia en el tiempo y cuente con la posibilidad de adecuarse a escenarios dinámicos, los que se intentará avizorar tras el horizonte para predecir las tendencias que podrían caracterizar el futuro mediato. Por ello, su personal debe continuar siendo el objeto de la mayor preocupación y atención, con centro de gravedad en su formación y capacitación para hacer frente a los nuevos desafíos y actores de la violencia e inseguridad nacional.

Unos ejemplos pragmáticos de que el poder aeroespacial es una herramienta valiosa del poder militar la tenemos cuando vemos y analizamos históricamente, la proyección global del poder aeroespacial de los EE.UU. para enfrentar a sus enemigos fuera de sus fronteras naturales, la guerra por las Malvinas, el conflicto del Cenepa o el permanente uso de las capacidades de la Fuerza Aérea Colombiana en contra de las FARC, son una prueba latente en la región de la importancia real y cierta del poder aeroespacial. Además, la Fuerza Aérea debe brindar su apoyo a la consecución de otros objetivos de interés nacional, como son la protección del medio ambiente, combate al narcotráfico y el apoyo a la comunidad ante desastres naturales, ambientales y antrópicos.

Sobre este horizonte, la Institución deberá contar con la capacidad para la acción conjunta y flexibilidad para adaptarse a la combinada, siendo indispensable enfatizar la importancia de la adecuación del instrumento militar a la evolución tecnológica, que el presente y el futuro imponen, sólo de esta forma se podrá dar preeminencia a la eficiencia, permitiendo potenciar los recursos económicos disponibles para el sector de la defensa.

El tema del narcotráfico, hoy por hoy, es el que condensa la mayor parte de las problemáticas y estudios sobre seguridad en América Latina, porque su tratamiento específico se encuentra entrelazado con una amplísima gama de asuntos locales, nacionales e internacionales. En efecto, sería imposible separar la estrategia regional de seguridad desplegada por los gobiernos de la región para combatir esta terrible amenaza a la seguridad interna de los Estados, de las responsabilidades, que en el ámbito de la aplicación del poder aéreo, tiene que ver la Fuerza Aérea Ecuatoriana.

Parece evidente que para fomentar una cultura de paz, es necesario conocer primero los elementos que nos llevan a la creación de las condiciones para esa paz; una paz entendida no como una ausencia de conflictos, sino como la desaparición de los fenómenos y las causas que lo pueda provocar.

Creada en 1945, las NN.UU., una de las primeras decisiones que adoptó fue la creación de las Operaciones de Mantenimiento de la Paz, mismas que actuarían en los contextos de un conflicto armado para transformarlos en contextos de paz. A pesar de ello, pocos años después, no pudieron evitar el asesinato de 18 soldados americanos en Mogadishu (Somalia), el asesinato de más de 800.000 tutsis y hutus moderados en Ruanda, ni la matanza de miles de personas en una de las áreas que supuestamente las NN.UU. mantenían seguras en Bosnia. Evidentemente, mantener la paz en contextos de conflicto bélico no es tarea fácil.

Desde 1990 hasta 1995 fueron identificados en el mundo de la posguerra 83 conflictos en los que sus actores recurrieron a la violencia física organizada de suma variable; es decir, donde no necesariamente lo que un actor pierde el otro lo gana. De todos ellos, 79 fueron

de orden interno y del tipo de baja intensidad con características propias. Un ejemplo claro de lo expresado anteriormente, constituye el empleo de la aviación militar de varios países en Yugoslavia, Sudan, Haití, Liberia, Líbano, entre los más importantes.

Las FF.AA. latinoamericanas han demostrado, a lo largo de más de 30 años, que su participación en este tipo de misiones ha sido muy profesional, confiable, eficiente y segura para los objetivos que persiguen las NN.UU., por ello seguramente el Ecuador continuará llevando a cabo operaciones de mantenimiento de paz, por su alto valor en experiencia para sus soldados.

La importancia que tiene para la Fuerza Aérea, el conquistar y ejercer plena soberanía sobre todo su espacio aéreo, le ha conducido a liderar proyectos aeroespaciales de gran interés para el país y las Fuerzas Armadas, a fin de buscar nuevos horizontes en la explotación del espacio aéreo y la órbita geoestacionaria. Apoyamos y educamos con orgullo una cultura para profesionales del poder aeroespacial y nos esmeramos por hacerlo mejor que nadie, ya que si no buscamos el control del espacio, alguien más lo hará por nosotros.

Nuestro éxito, en el ejercicio del poder aeroespacial, proviene del entendido de que necesitamos hacerlo antes y mejor que todos los demás, de allí la necesidad imperativa de hacer lo mismo por el espacio. Como miembros de la Fuerza Aérea y profesionales del aire y el espacio, tenemos mucha razón de estar orgullosos del legado del poder aeroespacial.

El Estado ecuatoriano hoy en día, debe combinar los recursos actuales con un amplio espíritu de innovación, a fin de producir las tecnologías que necesitaremos mañana para preservar la seguridad de nuestra nación. Independientemente de nuestras responsabilidades, todos tenemos un interés en el futuro, un interés en nuestro éxito o fracaso, al preparar y emplear adecuadamente las capacidades espaciales para beneficio de nuestra nación.