La Fuerza Aérea Ecuatoriana en la Victoria del Alto Cenepa y Día de la Aviación de Combate

A finales del año 1994 e inicios de 1995, nuestro país debió enfrentar una nueva agresión militar desde la frontera sur, en las nacientes del Río Cenepa. El alto mando de las Fuerzas Armadas ecuatorianas, toma decisiones oportunas para adoptar el dispositivo más adecuado que permita estar en condiciones de cumplir con las operaciones militares necesarias para defender con honor a nuestra Patria… en este contexto, la Fuerza Aérea realizó un despliegue aéreo sin precedentes en su historia, con la convicción de que en esta ocasión y sobre la base de un entrenamiento profesional y entregado a los más altos intereses nacionales, no se permitiría la afectación a nuestra soberanía nacional.

Las aeronaves supersónicas, operando desde su unidad de origen en Taura, activan los planes previstos y cumplen las actividades dispuestas de acuerdo a los grados de alertamiento, prestando especial atención a la defensa aérea del espacio aéreo nacional, estableciendo una operación integrada, flexible y coordinada con los equipos Mirage F-1 y Kifir C-2, los radares de vigilancia aérea y el sistema de defensa antiaérea; manteniendo a los poderosos bombarderos MK-1 Jaguar listos para cuando fuese necesario y con la decisión del poder político, ejecutar operaciones aéreas estratégicas contra los centros de gravedad del enemigo.

Una de las decisiones tomadas a nivel operacional, fue la creación del Grupo Aéreo “Amazonas”, para lo cual se desplegó al aeropuerto Edmundo Carvajal de la ciudad de Macas aeronaves subsónicas A-37B, las mismas que tendrían la alta responsabilidad de cumplir misiones en apoyo a nuestras valientes fuerzas de superficie operando en el Teatro de Operaciones del Alto Cenepa, esta unidad de igual forma fue integrada por helicópteros de rescate de combate del Ala Nro. 22 y unidades de artillería antiaérea para realizar la defensa de esta área sensible.

 

Con la gran capacidad disponible en las plataformas subsónicas, se mantuvo aeronaves A-37B y MK-89 desplegadas y operando desde las bases aéreas del litoral y con la capacidad de apoyar a la Fuerza Naval ante los requerimientos que se podrían presentar en el Teatro de Operaciones Marítimo.

Los legendarios aviones AT-33 fueron desplegados y cumplieron una tarea fundamental para mantener la superioridad aérea en el espacio aéreo del Alto Cenepa, ante la necesidad de alcanzar el mayor número de aeronaves disponibles un grupo de técnicos realizaba grandes esfuerzos en las bases de origen de estas plataformas, circunstancia en la cual se produjo la única pérdida de la Fuerza Aérea en todo el conflicto, cuando en un vuelo de prueba una aeronave AT-33 se accidentó en la Base Aérea de Manta el 28 de enero de 1995, falleciendo de forma lamentable el Teniente Piloto Jack Bolívar Garzón y el Teniente Técnico Darwin Díaz.

Los helicópteros del Ala de Combate Nro. 22, Bell 212, Alouette y TH-57, fueron desplegados a la región sur oriental y algunos fueron agregados operacionalmente a unidades de las fuerzas de superficie, cumpliendo misiones aéreas de rescate de combate, evacuación aeromédica y enlace en la zona de operaciones con gran patriotismo y profesionalismo. Con una notable entrega al cumplimiento de su deber, los pilotos de los helicópteros, realizaron peligrosas misiones de rescate de combate en la línea de fuego, participando directamente en el transporte de personal, material y evacuación de heridos en los puestos de avanzada.

Las aeronaves del Ala de Transporte Nro. 11, de tipo C-130, Avro, Twin Otter cumplieron una misión fundamental en el despliegue y movilidad de las unidades militares, manteniendo un apoyo logístico permanente para el sostenimiento de las operaciones militares, para lo cual ejecutaron misiones a nivel nacional e internacional, de igual forma, el equipo T-39 Sabreliner cumplió importantes y estratégicas misiones de Reconocimiento Aéreo, las cuales fueron trascendentales para producir la Inteligencia que permitió fortalecer la planificación de las operaciones militares.

Incluso los aviones de entrenamiento T-34C1 de la Escuela Superior Militar de Aviación, fueron desplegados para cumplir misiones de Relay de Comunicaciones para mantener el mando y control de las operaciones aéreas que se cumplían en el Alto Cenepa.

El Sistema de vigilancia de la Defensa Aérea mantuvo la operación permanente de los radares y su información fue fundamental para la toma de decisiones en cuanto al despliegue, dispositivo y concepto de operación establecido.

El personal de Infantería Aérea formando parte de las unidades desplegadas y en todas las bases aéreas cumplió una importante tarea en la seguridad y defensa de las bases y puntos de despliegue.

Por otra parte, el personal técnico en extenuantes jornadas de trabajo entregó todo su esfuerzo para recuperar aeronaves y sistemas de armas para mantener la mayor disponibilidad de plataformas.

A nivel operacional, existió una comunicación constante entre las Fuerzas Terrestre, Naval y Aérea, interactuando en forma sincronizada, con una gran tarea desempeñada por los Oficiales de Enlace Aéreo.

A finales de enero y principios de febrero de 1995, las acciones se intensificaron notablemente; nuestras fuerzas de superficie eran atacadas por aviones y helicópteros enemigos, debiendo destacar el derribo de 5 helicópteros enemigos por la artillería antiaérea de valerosos soldados de nuestro Ejército Vencedor.

Por su parte, la Fuerza Aérea Ecuatoriana con sus aeronaves Mirage F1 y Kfir C-2 realiza misiones de reconocimiento electrónico y engaño, permaneciendo siempre alertas para responder de inmediato a cualquier ataque.

Las madrugadas del 6 y 7 de febrero, aviones Mirage F1 y Kfir C-2 tienen los primeros contactos con el enemigo, durante estos encuentros, aviones Mirage 2000 de la Fuerza Aérea Peruana trataron de interceptar y destruir nuestras aeronaves sin lograr su objetivo.

El 7 de febrero, una escuadrilla de aviones A-37B “Dragones” del Grupo Aéreo “Amazonas” bombardea posiciones enemigas, siendo éste el primer ataque efectuado por la Fuerza Aérea Ecuatoriana en su historia. Vale la pena recordar que en una de estas acciones, acontece la increíble hazaña del avión A-37B, llamado “Tiwintza”, el mismo que fue alcanzado por un misil antiaéreo enemigo, sufre serias averías y en condiciones sumamente críticas, es conducido a su base de origen en Macas, gracias a la habilidad y pericia de sus bien entrenados y motivados pilotos.

El esfuerzo de pilotos y técnicos, comprometidos con valores superiores, permitió poner a punto las máquinas, para que, entregadas en manos de hombres capaces, pudieran responder con entereza a la amenaza y escribir de esta forma gloriosas páginas de nuestra historia.

En este escenario, con la moral en alto y con la convicción de los soldados del aire de que en esta ocasión sólo era posible “Vencer o vencer”, amanece el 10 de febrero de 1995, aproximadamente a las 12:45 horas las escuadrilla “Conejos” integrada por el mayor Raúl Banderas Dueñas y capitán Carlos Uscátegui Solís y la escuadrilla “Broncos” integrada por el capitán Mauricio Mata Velasteguí y teniente Wilfrido Moya Salazar, al recibir la orden de despegue inmediato, alertados por el Sistema de Defensa Aéreo, en estas cuatro aeronaves se encontraba sintetizado el esfuerzo y expectativa de todos los ecuatorianos, los aviones sobrevolaron el espacio aéreo nacional en esta cita hacia la gloria, llegaron a la zona de conflicto y al identificar a las aeronaves enemigas que habían atacado a nuestros valerosos soldados, fueron protagonistas de escribir una de las páginas más heroicas de la historia de la Patria, en pocos minutos tres aviones enemigos fueron derribados, demostrando el valor, patriotismo y entrega a los más altos intereses nacionales de los caballeros del aire; al retorno a su base, el júbilo estalla entre aquellos que ven cómo se escribe la historia, los hombres se abrazan, la Fuerza Aérea se llena de gloria, la Patria se enorgullece, el enemigo se paraliza.

Esta acción merece ser valorada y recordada en su real magnitud, puesto que esta victoria, permitió alcanzar la superioridad aérea, coadyuvó al cese definitivo de las hostilidades y fue uno de los factores decisivos en el resultado final del conflicto.

Durante el conflicto  del Cenepa cada una de las unidades cumplió a cabalidad su tarea, revelando al mundo una  nueva  imagen del Ecuador, con su pueblo y sus Fuerzas Armadas férreamente unidas en la defensa  de la soberanía  e integridad de la patria.

Como reconocimiento justo a esta gesta el Ministerio de Defensa Nacional declaró al 10 de febrero como el Día de la Aviación de Combate de la Fuerza Aérea Ecuatoriana. Es por ello que esta fecha debe permanecer por siempre en las mentes de las actuales y futuras generaciones como muestra inquebrantable de la capacidad, coraje y decisión del caballero del aire y como símbolo de orgullo nacional.
Dirección de Comunicación Social FAE, si tiene algún dato que pueda contribuir a este reportaje, háganos llegar a este correo: luisflgrz@gmail.com