Un vuelo rasante a la historia

Azul de corazón

Muchas veces nos incomoda que nos hablen de historia, sin duda, pueden intervenir varios factores pero siempre es necesario recordar los hechos importantes; sobre todo, si se trata de acontecimientos que marcaron el rumbo de una sociedad.

En este espacio y de manera mensual, compartiremos con ustedes, pequeñas reseñas de la vida institucional que, como Fuerza Aérea Ecuatoriana vamos construyendo por más de 97 años; en este contexto, nos permitiremos iniciar con uno de los hitos más emblemáticos para quienes somos parte de esta institución militar, hazaña recordada recientemente en el Ala de Combate Nro. 21 – Taura.

¿Cuántos de nuestros amables lectores recuerdan, por qué la Fuerza Aérea Ecuatoriana celebra el Día de la Victoria Aérea en el Alto Cenepa, o Día de la Aviación de Combate? Ciertamente, habrá una respuesta rápida por parte de las damas y los caballeros del aire, o quienes participaron directamente en ese conflicto; he aquí, otra razón imprescindible por la que hay que revisar constantemente la historia.

En el año de 1995, el Ecuador sufrió nuevamente una agresión militar, estallando un conflicto bélico con el vecino país del sur, en donde las tropas de nuestro Ejército mantenían la soberanía terrestre; por su parte, la Armada hacía su mejor esfuerzo para defender la soberanía marítima, evitando la infiltración de tropas enemigas. Sin embargo, a la Fuerza Aérea le estaba destinado, no solo la protección del espacio aéreo, sino, el representar digna y decididamente a las Fuerzas Armadas y a su pueblo.

Para aquellos días, era evidente la superioridad en equipos del vecino país y su Fuerza Aérea, pero ello no amilanó la convicción de los caballeros del aire, para cumplir la misión encomendada, defender la soberanía aérea y apoyar a las tropas que ya se enfrentaban días antes en la zona de conflicto.

El país pendenciero utilizó a su Fuerza Aérea para bombardear con todas sus aeronaves, las posiciones ecuatorianas en el sector de la Cordillera del Cóndor; y fue en ese contexto que cientos de horas hombre-máquina se emplearon también por parte de la Fuerza Aérea Ecuatoriana en defensa de la heredad territorial. Es de fácil recordación para quienes hoy somos parte de esta gran Institución, hechos memorables como el derribo de las aeronaves Sukhoi-FAP, por las Escuadrillas Conejos y Broncos, o como el retorno a salvo, de nuestros pilotos junto al avión A-37B alcanzado por un misil enemigo; pero detrás de ello existen historias poco conocidas de aquellos héroes silenciosos, que aportaron desde su lugar de trabajo a la consecución de la gran Victoria Aérea.

Así, recordamos a los miembros del Sistema de Defensa Aérea, que distribuidos estratégicamente en el país junto a los radares, cumplieron la misión encomendada, alertando de inmediato las intenciones pretenciosas del vecino país. Nuestros pilotos permanecieron también junto (o dentro) de sus aeronaves, esperando la misión anhelada. El personal de técnicos supo poner a prueba sus capacidades y mantuvo el material disponible para su empleo inmediato.

Con todos estos antecedentes podemos concluir que el personal militar y civil de la Fuerza Aérea Ecuatoriana fue uno solo, y qué decir del pueblo entero, que se volcó a las calles de todo el país para apoyar moralmente nuestra misión. Nuestros soldados jamás bajaron la guardia ante los rumores esparcidos para aplacar nuestro propósito.

Sin duda, la Victoria Aérea del Cenepa nos dejó muchas enseñanzas en el campo táctico y estratégico, ya que la unión férrea de la sociedad civil con los centinelas del aire, demostró la capacidad profesional de su Fuerza Aérea, compuesta de gente comprometida con su nación, con sus ideales de patria, y que aportaron con sus capacidades para luchar por librar al país de una nueva agresión y conseguir un cese definitivo a las hostilidades.

23 años después, es gratificante mirar que dos pueblos vecinos se han hermanado y han estrechado los lazos de cooperación, principalmente, en temas comerciales; las decisiones políticas las dejamos a un lado, pues está lejos de ser nuestro ámbito como Institución encargada de velar por la seguridad y defensa de nuestra soberanía para emitir criterios al respecto; pero sí es meritorio destacar nuestro compromiso con el Ecuador, ahora laboramos de manera permanente en el transporte de tropas de Fuerzas Armadas en el apoyo logístico hacia la región fronteriza, así como la ejecución de las operaciones antidelincuenciales, control de armas y control hidrocarburífero; ya en el ámbito social, contribuimos a cumplir el sueño de cientos de niños en todo el país y la movilización oportuna de cientos de colonos hacia la región amazónica, sin descuidar la región insular, con el transporte de habitantes de las Islas y víveres.

El compromiso continúa y avanzamos hacia el futuro con pasos firmes, afianzando nuestro lema: A cualquier hora, en cualquier lugar.